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“Salvar lo bello en el marco del mundo productivista de la sociedad del cansancio requiere salvar lo distinto y desplegar comportamientos estéticos que inviten a demorarse, a recuperar el ocio de la contemplación.  Toda belleza es paradójica. Sin esa paradoja no existiría belleza alguna”

                                                                                                                                                                                                   Byung-Chul Han

 

 

Empecemos por la definición de “Conjetura”: juicio que se forma de algo por indicios u observaciones. Proposición que se prevé verdadera, pero que aún no está demostrada.

Para el filósofo Miguel Morey, “ver” no es solo atesorar sensaciones, sino una exigencia intelectual y ética para romper con la ceguera cotidiana que nos impone la realidad actual.  “A pesar de la aparente evidencia, la verdad es que es bien poco lo que vemos. Y vemos tan poco en la justa medida en que estamos inmersos en la monotonía de una mirada ininterrumpida. Es por obra de esta mirada ininterrumpida por la que el nuestro es un mundo de cosas de apariencias y evidencias. Pero las cosas, las apariencias o las evidencias remiten antes a nuestros modos de hablar acerca del mundo que a nuestros modos de verlo: antes que pertenecer al ver, bajo la forma de una mirada armada, pertenecen al decir que constituye la armazón de esta mirada”.

Cuando Thoreau dijo: “No puedes ver más de lo que ves”, daba por sentado que la vista ocupaba un sitio privilegiado entre los sentidos. El fotógrafo era considerado un observador agudo e imparcial.  Pero esta visión objetiva e impersonal cedió ante el hecho de que no hay solamente un registro visual, sino una evaluación del mundo. Quedó claro, que no había una actividad simple y unitaria llamada visión, sino una “visión fotográfica”, que era tanto un nuevo modo de ver, no divorciada de los demás sentidos y de una visión dentro de un contexto.

Hubo un tiempo que el compromiso de la poesía con la concreción y la autonomía del lenguaje era paralelo al compromiso de la fotografía con la visión pura. Se afirmaba que: “No había verdad salvo en las cosas”, declaró el escritor Williams Carlos Williams.  Sin embargo, cuando se examinan en profundidad, la visión fotográfica y la poesía: “ambas arrancan las cosas de su contexto, (para verlas de una manera nueva), de acuerdo con las imperiosas, aunque a menudo arbitrarias exigencias de la subjetividad”. (Susan Sontang).

Una aportación más en este sentido nos la ofrece el filósofo Nietzsche que afirmaría: “que en la naturaleza no hay formas, pues no existe ni un dentro ni un afuera. Todo descansa según él, en el espejo del ojo, o también que el hombre se encuentra profundamente inmerso en ilusiones e imágenes oníricas, y los ojos se limitan a resbalar sobre las superficies de las cosas para ver “formas”, y sus sensaciones no coinciden con la verdad, sino que se limitan a recibir estímulos”.

En “Conjeturas del ver” parte de su hechizo visual o poeisis, proviene del intento de construir imágenes con unos pocos indicios o certezas sentidas.  Las imágenes explotan, a través de la metáfora o lo alegórico, distintos aspectos relacionados con el tiempo y la poesía.  El interés por los objetos no radica, tanto en sus cualidades matéricas y físicas, como en sus posibilidades lingüísticas, en su potencialidad metafórica y todo aquello que tenga que ver con la creación de sentido. Es también un modo de reivindicarse coleccionistas de todas las cosas, y revelar la belleza en lo que todos ven, pero consideran demasiado ordinario. Así caracterizaba Baudelaire al poeta, al artista moderno: “Todo cuanto la gran ciudad desechó, él lo cataloga; colecciona (…) Clasifica las cosas y elige atinadamente”.

Un gesto que creo importante señalar de estas creaciones es el “de mirar”, en palabras de Lezama Lima: “Hay que medir el tiempo con el vaivén de los ojos”. Recuperar los objetos para la mirada, recuperar un tiempo para pensar lo que se observa, un sistema para hacernos partícipe de lo que acontece, como un acto de resistencia, la mirada tomada como un puente que genera lugar y pensamiento, para poder cerrar y abrir como pupila o párpado los mundos. Una zona donde se suspende la mirada, donde todo se inmoviliza y el silencio hace acto de presencia.  El ojo humano no sólo sirve para proporcionarnos imágenes en nuestro exterior, sino que, en el acto de la percepción, de la mirada, hay algo que surge en nuestro interior y que es capaz de desarrollarse de forma independientemente en sí misma. Digámoslo de otro modo, hacer de la contemplación un acto único, no escindirlo en lo perceptual y lo intelectual.   

“Conjeturas del ver” reúne una selección de obras, fotografías, que lejos de presentarse de forma antológica, las obras actualizan y contrastan las relaciones que se establecen entre ellas para superar la distancia cronológica y poner en juego la multiplicidad de sentidos. Es fácil deducir, que nuestro interés sobre la imagen: no está para dar a conocer su objeto, sino para hacer que quien la mire sea testigo de una presencia. “Ante las imágenes, no nos cabe más que: interiorizarlas por obra de una mirada que les da sentido, otórgales el tiempo de nuestro intelecto, intégralas en una historia (…) Las imágenes pertenecen al espacio, a lo que nos es exterior, a nuestro afuera.  Y solo conseguimos apropiárnoslas en nuestra interioridad (inteligible) prestándoles un tiempo que es enteramente nuestro”. (Miguel Morey).

Hay una idea que subyace en todas las imágenes, que es la lentitud. Mirar exige tiempo, acercarse, aceptar que la compresión no se acepta de inmediato. Las obras en su silencio y en su sombra, se anudan en un punto común, en la sospecha de que la representación no siempre describe, sino que delimita lo pensable, organiza el tiempo. "Los objetos adquieren una intención secreta en esta hora que presagia el abismo". (Olga Orozco)

Courbet (1819-1877) fue el padre del "realismo"y contemporáneo de los inicios de la fotografía, pero sus intenciones estaban muy alejadas del mimetismo fotográfico. Su afirmación: " I have never seen angels. Shows me an angel l´ll paint one "(nunca he visto ángeles, muéstrame un ángel y yo pintaré uno), es el punto de partida de esta fotografía.

Solo un espejo y un tiento de pintor de caballete; quizás su belleza resida únicamente en la idea de posibilidad. Dice Francisco Jarauta: "Es la magia del espejo, de ese cristal, vidrio negro, en cuya superficie se refleja lo dividido y separado, al tiempo que hace posible el espejismo de una nueva unidad".

"And who´s there to watch?"

Murieron las formas despavoridas y no hubo más un afuera y un adentro. Nadie estaba escuchando el lugar, porque el lugar ya no existía. Con el propósito de escuchar estamos escuchando el lugar.”     

                                                  Alejandra  Pizarnik

   

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