



Para Víctor Molina, en su texto “En torno a un hilo”: “El pensamiento mítico diagnosticó las dos propiedades opuestas del cordel, según una clasificación fundamental: por un lado, su tributo de maleabilidad, de viraje y giro; su capacidad de atar y anudarse; y por otro, su potencia axial, su erigirse en eje vertical. En el primer caso, el hilo se ensalza como emblema de la figura de la tejedora. En el segundo, se le declara propio del mundo de los constructores, de la figura del arquitecto.”
Tejer y construir se plantean como los atributos principales de este material, pero también resaltamos aquí su poder creativo, el poder de configurar un tapiz de lo que se quiere que suceda, como hacía la diosa Circe al tejer.
El hilo tiene además la capacidad de unir, de habilitar un camino, una unión. Existen de este modo caminos creados, pero ante todo existen sus ausencias. El hilo es la guía hacia la búsqueda de la verdad, nos conduce a través de la oscuridad del vacío. El hilo nos mueve, son las alas de las marionetas, nos hace sentir lo que sucede en otro, se convierte es transmisor de tacto y de movimiento, pero también de inacción. El hilo es el camino, es la Ariadna; pero, ¿y su ausencia? ¿qué ocurre cuando debería estar presente, pero ya no está? El hilo es idóneo para esconderse a sí mismo, de parecer invisible en su propia visibilidad. Llegamos a la inmovilidad, se nos muestra una imposibilidad tan absoluta de continuar como la muerte misma. El camino se nos vuelve del revés.
“Los griegos penetraban en la muerte andando hacia atrás” Roland Barthes.
"Una mirada: un hilo que te envuelve.
Esta tardía , tardía luz.
Lo sé: los hilos fulgen"
Paul Celan
"El nudo ata hilos para que no insistan en su
pretensión de coser. El hilo calla y sigue
con el alma que le quieren atar"
Juan Gelman